miércoles, 28 de abril de 2010

Destino 2010: Bloemfontein

No se me ocurre mucho para escribir, así que aprovechando el momento, busqué algunas fotos de Sudáfrica para subir. Tampoco se me ocurría demasiado sobre qué fotos elegir, así que entre las sedes de la Copa del Mundo, elegí empezar por Bloemfontein, por el simple hecho de que la recuerdo por Tolkien.
Sin la cámara de Julio Alonso, y sin viajar hasta Sudáfrica, vamos a compartir una breve reseña sobre la ciudad y sus principales atracciones.

Antes de seguir: quiero aclarar cuáles son mis equipos en la Copa el Mundo Sudáfrica 2010, para que no digan que no lo aclaré antes:

-Australia: sin lugar a dudas mi apoyo emocional desde la televisión estará con los australianos, como lo estuvo hace cuatro años.
-Holanda: en segundo lugar, sigo a una selección con serias aspiraciones al título.

Otra asunto interesante para el estudio psicológico son los españoles y sus delirios de grandeza. Nunca hicieron nada bien en el mundo del fútbol, eso lo sabe cualquiera, y sin embargo se comportan como si la historia no existiera. Un ejemplo deplorable es el de un tal David Ruiz, columnista español del portal uruguayo 180.com. Realmente es lamentable.


Destino de hoy: Bloemfontein

En africáans, "bloem" significa "flor", y "fontein" es algo así como fuente, por lo que la ciudad es conocida como la ciudad de las flores, la fuente de las flores. Es una de las tres capitales de Sudáfrica junto a Pretoria y Ciudad del Cabo, siendo Bloemfontein la capital judicial del país, y capital de la provincia Free State.


Bloemfontein fue oficialmente fundada en 1846, por el Mayor del ejército británico Henry Douglas Warden, como un puesto de avanzada británico en la región Transoranje, en aquella etapa ocupada por varios grupos como los Boers. Entre 1848 y 1854 la región se transforma en la Soberanía del Río Orange, y finalmente en la República del Estado Libre de Orange entre 1854 y 1902. Entre 1902 y 1910 fue la capital de la Colonia del Río Orange y desde entonces la capital provincial de Free State de Orange.

Entre los puntos de atracción de Bloemfontein, se encuentran el Museo Nacional, el Museo de la Guerra Boer, el Tribunal Supremo de Sudáfrica y el Tribunal de Apelación, cuya antigua sala de madera fue construida en 1929. También podemos apreciar lo que es el lugar de nacimiento del escritor J. R. R. Tolkien, quien dejó Bloemfontein con destino a Reino Unido a la edad de tres años.
En Bloemfontein se jugó fútbol por primera vez en 1891, cuando el territorio era una república bóer independiente, conocida como Oranje Vrij Staat. El estadio de la ciudad es el Free State Stadium, remodelado especialmente para la Copa del Mundo de este año.

jueves, 1 de abril de 2010

Cotugno y el "Tu quoque"

Para ejemplificar brevemente

Son las 3:15 am, Mr. Blanco y Mr. Negro, después de una jornada de trabajo, están bebiendo la décima botella seguida de Johnny Walker. Apenas pueden mantener sus ojos abiertos, están derretidos sobre sus sillas, no piensan dejar de beber.

-¿No te parece que te estas pasando un poco? -pregunta Mr. Negro a Blanco.

-¿A qué te referís exactamente? -interroga algo enojado Mr. Blanco.

-Tanto alcohol en la sangre te va a matar en poco tiempo -repone el otro.

-¿Y quién sos vos para hablar de excesos con el alcohol? ¿eh? Son más de las tres de la madrugada y no dejaste el vaso quieto -concluye finalmente Blanco.

El argumento ad hominem

Este fragmento (sabran disculparme), tiene la forma de una falacia "ad hominem" del tipo "tu quoque". En la falacia "ad hominem", el sujeto A realiza una afirmación sobre el sujeto B. El sujeto B, en lugar de refutar la afirmación de A con argumentos lógicos, busca descalificar al sujeto A.

Está claro; el "acusado" no se defiende de la afirmación sino del sujeto; no argumenta lógica y coherentemente, sino que ataca al rival. No va a buscar la pelota sino el rival (futbolísticamente hablando).

"Cotugno indicó que “si es horrible que un sacerdote abuse de niños, no es menos horrible que un papá abuse de su hijo” (180.com.uy)

¿Quién adivinó por donde viene la cosa? Excelente: este fragmento es un perfecto ejemplo de falacia "ad hominem". Tenemos básicamente, en el limitado esquema mental de Cotugno, dos bandos: los sacerdotes enfrentados al resto de los hombres. Lógicamente, Cotugno pertenece al primer equipo (sacerdotes), y es interrogado por los periodistas, pertenecientes al segundo equipo (resto de los hombres). Al ser interrogado sobre los sucesivos y degradantes casos (conocidos públicamente) de pedofilia, de sacerdotes sobre niños alrededor del mundo, Cotugno responde con una falacia, último refugio para basuras sin argumentos como él y toda la iglesia.

Palabras sin letras ni razon de ser

¿Qué puede justificar Cotugno al respecto? Desde su posición de sacerdote, Cotugno no puede justificar ningún caso de pedofilia eclesiástica. Cotugno lo sabe; sabe que no puede argumentar coherentemente a favor de los sacerdotes, sabe que no existe justificación alguna, pero, aún así, se niega a reconocer el problema. Siendo imposible negar la realidad sobre los casos de pedofilia en sacerdotes, Cotugno tiene dos posibilidades: o reconoce públicamente el grave problema, o bien toma el indecente camino de la incoherencia falaz. Cotugno se decide por el segundo: desde el momento en que sabe que le es imposible hacer lo que la iglesia siempre hizo, mentir y negar la realidad, se ve obligado a reconocer la realidad; que los casos de pedofilia en sacerdotes son cada vez más frecuentes, que existen casos que salen a la luz pero que existen (y existieron) muchos otros que no salieron ni saldrán nunca a la superficie. Reconociendo esta realidad, Cotugno también estaría reconociendo un problema que le toca muy de cerca, un problema de colegas, por así decirlo. Pero si algo tenía de dignidad este sujeto lo ha perdido. Lejos de reconocer públicamente el terrible asunto, la horrible realidad, lejos de decir: "esto es un grave problema que no es para nada nuevo, que es delicado y que deberíamos pensar solucionar", este tipo se despacha con un conjunto incoherente de palabras. Como no puede justificar la pedofilia, como le es imposible defender lo indefendible con argumentos, apela al "tu quoque" ("tu también"). Ese "no es menos horrible que un papá abuse de su hijo" de Cotugno elimina todo razonamiento lógico, y pasamos al mundo del sinsentido, de "el huevo o la gallina", de razonamientos circulares que lo único que enfatizan es la falta de argumentos y palabras.

Me da vergüenza y asco que se le sigan ofreciendo micrófonos a "personas" como esta para que hablen. Me asombra lo difícil que es para importantes sectores de la iglesia dejar la Edad Media.


"Yo escribo en un blog que nadie lee, pero hay otros blogs que tampoco lee nadie". (Yo, Joker)

lunes, 22 de marzo de 2010

La guerra es...?

¿La guerra es una droga? ¿O un negocio? ¿O las dos cosas? Si la guerra es una droga, entonces necesitamos de un adicto y un negocio, necesitamos algo así como un juego de camellos y dealers; soldados y estados. Esta simple frase que queda bien y por eso se dice ("la guerra es una droga"), que aparece destacada en la película "The Hurt Locker" -que "arrasó" en los Oscar-, es ambigua, inexacta y cae, en este caso, en una interesante paradoja que vamos a analizar.

Recapitulemos, pero antes: no voy a analizar la película ni voy demasiado al respecto; porque no soy el indicado, y porque a nadie le importa. Como tampoco vi la película, me voy a valer de un fragmento, muy breve, de critica que encontré por ahí y que no voy a linkear.

""Vivir al límite" se centra en un grupo de soldados estadounidenses que arriesgan su vida desarmando explosivos en Irak, tarea que los mantiene enajenados, como si el peligro terminara siendo una adicción. Una frase del periodista Chris Hedges, en una leyenda inicial, lo explicita: “La guerra es una droga”.
Hay momentos de mucho suspenso que exponen, en cierta manera, el clima de alarma permanente en las calles de Irak, con la cámara en movimiento transmitiendo inestabilidad y una luz espesa expresando incomodidad y calor."

Simple; tenemos una película que intenta trasladarnos a la escena, introducirnos en el ámbito donde las explosiones son habituales, donde algo puede estallar en cualquier instante, donde el peligro es latente. Una fórmula, de más está decirlo, hecha para captar la atención del espectador. Supongo también que el filme busca introducirnos, o al menos ponernos al tanto de lo que sucede en la mente de estos soldados, de estos héroes/adictos/mártires/suicidas. Porque a la vez, todos esos adjetivos parecen ser justos.

¿De qué hablamos?

Los soldados ¿son héroes? ¿adictos? Son soldados, parte de un engranaje y un negocio que es la guerra. Pero bien, recordemos una vez más lo que nos dice la película en su inicio:"La guerra es una droga". Entonces, esos soldados estadounidenses que "arriesgan su vida desarmando explosivos" no son héroes, sino adictos, enfermos que participan de esa "droga" que es la guerra (recordemos que el calificativo de "droga" no es mío, sino de los creadores de la película). Pero tengo ciertas dudas a la hora de afirmar que el peligro sea "una adicción", creo entender que los soldados que desactivan bombas en Irak lo hacen porque cobran una buena plata por hacerlo, no por honor. El militar, el soldado ya no es el caballero: el caballero es (era) una figura que lucha, si se quiere, por honor, el soldado, en cambio, mata por dinero e intereses que ni siquiera son suyos. Entonces ¿la guerra es una droga o un "negocio" que busca el beneficio propio? ¿los soldados son adictos o herramientas de esa máquina del sinsentido? Me inclino más por afirmar lo segundo en ambas interrogantes: los soldados, que la película intenta postular como mártires honorables, como héroes desactivadores de bombas en la máxima tensión, se parecen más a los engranajes de un reloj que a los dependientes de una droga.

Pero he aquí la cuestión: los creadores de la cinta parecen tener un cierto fin; mostrar el estado alterado de quienes tienen que ocupar la posición de soldado en Irak... ah, dato no menor, soldado norteamericano en Irak, menudo detalle. La guerra es, para ellos, una droga, y las "víctimas" presas de esa adicción son los soldados, condenados a una vida gris y al límite. Acá está lo extraño: supongo, aunque creo estar seguro, que la guerra es algo despreciable, o al menos es algo a lo que no se desea llegar(¿?). Entiendo que la guerra es una conflicto, un enfrentamiento violento que genera destrucción y drama(¿?). Ellos, Bigelow y compañía, la plantean como una droga; y tal vez, en cierto punto, pueden llegar a tener razón, ese ya no es nuestro asunto. Pero resulta que la película en si, que aparentemente intenta mostrar la parte mas cruda del escándalo bélico, termina sirviéndose de ese drama, de esa droga. Para Bigelow "la guerra es una droga", pero una droga que sirve para ganar un Oscar, una droga que sirve para hacer una película, una droga con la que se puede jugar, y se juega. Porque la película nos muestra el lado duro de la guerra, como toda película bélica, pero, y esto es lo terrible, no deja de ser una película: busca atraer al espectador, busca engancharlo, atraparlo con sus imágenes impactantes, con "la cámara en movimiento transmitiendo inestabilidad y una luz espesa expresando incomodidad y calor", y no vamos a crucificarla por eso, porque eso es su fin. El filme condena la guerra, dice que es una droga, pero a la vez utiliza esa droga; aprovecha esa droga para captar la atención de espectador, usa esa misma condena para su beneficio, y esto no está mal, porque el cine es, antes que una clase sobre ideología y justicia, un entretenimiento.

La paradoja: película-discurso

Sin embargo, ciegos o hipócritas(¿?), los realizadores de esta película no ven esto, creen estar haciendo una dura critica a la guerra como instrumento opresor, como droga, cuando usan estas mismas cualidades para atraer los ojos del espectador.

El siguiente video muestra la segunda vez que Kathryn Bigelow sube a recibir un Oscar en la noche. Atención con el minuto 3:00 en adelante.




Si no quedó claro se puede volver a ver en este otro video (buscar el de Mejor Dirección). Lo que Bigelow hace en dos ocasiones, al recibir el Oscar, es agradecer. Pero además de los agradecimientos de protocolo, dedica la película ("The Hurt Locker") a los "uniformados".


"...Quisiera dedicarle esto a los hombres y a las mujeres del servicio militar, que arriesgan sus vidas diariamente en Irak y Afganistán..."

La película busca ser una critica hacia la guerra y sus derivados, califica a la guerra de droga, pero su directora, al recibir el premio, dedica la película a los soldados, a los uniformados, a los "adictos", a quienes forman parte de esa "droga". No solo esto, sino que agrega que "pueden regresara casa cuando quieran", que "están ahí para apoyarnos a nosotros y nosotros apoyarlos a ellos". Entiendo lo siguiente; para Bigelow "la guerra es una droga", y por lo tanto la película es clara e insensata apología. La película versa sobre la droga y está dedicada a los adictos. Si bien intenta o cree ser una crítica a la guerra en tanto droga, termina siendo, a raíz de las palabras de su directora, apología de la droga; "la guerra es una droga" ¿dice que sea mala o buena? No, dice que es una droga, y la película está dedicada a los artífices de la droga.

Esto es lo que pasa cuando se confunde el límite entre justicia social, reclamos, crítica, con el entretenimiento. Si voy al cine, voy a disfrutar y a entretenerme, en algunos casos a pensar y a reflexionar, pero no a intentar recibir cierto discurso pro humanista o lo que sea. Algo así dijo Spielberg al respecto, "no voy (al cine) a recibir un rollo ideológico".

domingo, 14 de marzo de 2010

¿Por qué Lex?

Muchos se preguntaran por qué voy a declararme públicamente a favor de uno de los candidatos. Es muy simple; porque puedo, porque cualquiera puede decir lo que se le antoje en cualquier medio de comunicación. Solo hace falta mirar cada uno de los motivos con los que los candidatos a la intendencia buscan captar votos. Teniendo esto en cuenta, quiero llamar a todos los interesados, a todos aquellos que busquen un proyecto serio, un intendente legítimo, leal y libre. ¿Qué tienen en común estos tres atributos? La letra L. Es la letra que identifica a Lex Luthor, nuestro candidato. Pretendemos una ciudad con servicios mejor organizados, un lugar más limpio, donde sea la legalidad y no el "todo está permitido" lo que dirija a las personas.

Los verdaderos motivos... ¿y cuál es el problema?

Así pues, algunos, porque todos podemos decir cualquier cosa en cualquier momento, dirán que yo apoyo a Lex porque me regaló un "carguito de confianza", porque algún negocio tengo, porque hay intereses de por medio, y la verdad es que no están muy equivocados. Hay que decir las cosas de frente; esto es un intercambio, una entrada a Montevideo Comics 2010 a cambio de mi apoyo a su candidatura... ¿y cuál es el problema? Ah! Ahora todos se erizan, todos señalan, pero en realidad todos saben bien que esto es lo más común. ¿Que sería de ese juego llamado política, que sería de esos animales llamados políticos, si no fuese por el intercambio y el beneficio de mutuo acuerdo? Seamos literales y lícitos, seamos Lex Luthor.

Las claves de la campaña

Pero si de campañas electorales sabemos algo, es que nuestra lucha, nuestra carrera, se apoyará en dos pilares fundamentales: 1) en la destrucción y descalificación sistemática del oponente, hasta su eventual fracaso, y en segundo lugar, 2) en la captación y caza furtiva de ese producto preciado, eso que para Gollum es su tesoro y que para nosotros son los indecisos. Nuestra máxima es la siguiente: no hay mejor candidato, sino candidato más resistente. En esto no buscamos ni al mejor ni al menos peor, buscamos al sujeto que pueda conservar nuestro preciado grado de libertad, resistiendo de la mejor manera los golpes de su oponente. Y eso es Luthor. ¿Alguien cree, realmente, que un hombre puede cambiar las cosas? Definitivamente no, pero si puede incendiarlas y alterarlas, ordenarlas hacia un nuevo desorden.

La interna


Empecemos por casa. Luego de una interna, que como bien dice en su artículo Ron Troupe, fue más pareja de lo que muchos esperábamos, después de que (como es mi caso), nuestro principal candidato, hablo de Oswald Cobblepot, quedase a mitad de camino, muchos pueden haber caido en la gris confusión, en la sucia bolsa de los indecisos. Pero seamos claros; "El Pinguino", como lo conoce la población de a pie, siempre fue un luchador, nunca consiguió ninguna empresita heredada. Lejos de eso, la raíz de todos sus "pequeños trastornos de conducta" fue su horrible niñez; entre burlas y risas de sus congéneres ante su ridículo aspecto. Pero Oswald demostró que su intelecto supera en calidad al de la mayoría: cuenta con un gran dominio sobre las aves, puede transformar un paraguas en lo que sea y además de todo, por sobre todas las cosas, es un artista de los "negocios" (algunos lo llaman crimen organizado, pero ese es otro tema). Solo hace falta mirar al 2004 y recordar "Mientras vuela el cuervo"; su dominio sobre los demás y su habilidad para la negociación.

Teniendo esto en cuenta, sin Cobblepot en la pelea, debemos remitirnos a otro punto importante a este respecto: la reunión entre Oswald Cobblepot y Lex Luthor después de conocidos lo resultados de la interna. Aquello fue una muestra de unidad partidaria, de solidez; de intereses mas allá del partido, de interés nacional y ciudadano. Recordemos las palabras de Oswald al salir de la reunión: "La libertad no consiste en hacer lo que uno quiere, sino en hacer lo que uno debe. Lo bueno y lo mejor están por venir, solamente si Lex Luthor toma el mando". ¿Hace falta decir algo más?

De esta forma, aquellos que tras la "derrota" de Cobblepot en las internas tenían dudas, desde acá los llamamos a la unidad, a votar a otro mago de las negociaciones como lo es Lex, a un tipo que no soporta que otros tomen el poder por donde no se lo toma, que no soporta que ningún extraño se crea el héroe de la ciudad bajando desde el cielo. La tranquilidad, el orden, la negociación y, por sobre todo, la garantía de un manejo limpio y con responsabilidad, son los atributos que un votante encontrará en Lex Luthor.

Los otros

¿Qué tenemos del otro lado? División, intereses cruzados, ambiguos e individualismos. Entre Osborn y el doctor Doom no existe semejanza ni acuerdo alguno. Ambos son hombres cuya principal característica es la inestabilidad, la falta de coherencia para dirigir grandes proyectos. Era claro que en las internas, entre un "dudoso empresario" y un tipo que vive en un castillo alejado del mundo, la cosa estaba difícil. Por suerte la gente que tuvo la desgracia de votarlos no eligió a un candidato que vive con una máscara de metal. ¿Qué podemos esperar de un hombre que no se anima a mostrar su cara? No tengo, lo digo con dolor, otra alternativa que pensar en cosas horribles. Una cosa es pintarse la cara, pero ¿por qué esconder las cicatrices que el tiempo dejó? El pingüino sufrió por su aspecto; pero nunca se avergonzó de él, ni se escondió tras su ropa. Pero parece que para Doom no fue así. Repito que lo que a uno no lo mata lo hace diferente, y ese es el sentido de seguir vivo.

Realmente, con respecto al fraudulento pseudo-acuerdo partidario entre Osborn y Doom no tengo mucho más para agregar: la evidencia lo dice todo, la falta de ideas, el ida y vuelta improvisado y ese falso acuerdo ente ambos lo dice todo. Al respecto de Norman Osborn tampoco hay que agregar demasiado: es un tipo que no tiene escrúpulos a la hora de conseguir lo que quiere, un tipo peligroso hasta con un vaso de agua en la mano. Osborn; un personaje que ante las adversidades de la vida, a diferencia de Oswald o Luthor (luchadores natos), prefirió, siempre, la mentira y la traición: se unió a un grupo clandestino de industrialistas que creaban super villanos para que ocuparan la atención del número creciente de héroes disfrazados y los distrajeran de las transacciones ilícitas del grupo, tuvo un hijo, Harry, al cuál llegó a detestar, y tuvo dos descendientes más: Gabe y a Sarah, a quienes hacía creer que Peter Parker era su padre y asesino de Gwen (la madre de ellos). En resumidas cuentas: un peligro, pero un peligro, señores, que no vale la pena correr, porque no está a la altura. Siempre decimos; si esta ciudad necesita algo es clase; criminal-politica, y eso es precisamente lo que Luthor puede dar.


Por eso, antes que nada, entrá y votá por el proyecto L.L

Yo, Joker 23.

PD: Por el respeto que se merece la muy buena calidad de los dibujos de Calero, me privé de dibujarle una sonrisa roja al afiche de Norman Osborn. Lo salvó el dibujo.

PD2: Esto también parece ser una lucha DC vs Marvel.

jueves, 11 de marzo de 2010

Números y drogas

Muchas veces, cuando se discute o se habla sobre el tema de la delincuencia, la violencia y la inseguridad, ciertas voces (que no son pocas, son la gran mayoría), sacan a relucir su gran e infalible argumento: "el problema es la pasta base". Siempre existió inseguridad, pero "ahora está todo peor, porque antes no había pasta base".

Pero ese argumento es inconsistente por donde se lo mire, equivoco, mentiroso y manipulador. La pasta base es solo otro escalón más debajo de otras drogas, es otro subsuelo al que se ha llegado. Pero la pasta base no es una causa, sino una consecuencia. Se acusa a un desperdicio y conglomerado de sustancias (la pasta base) de ser la causa mayor del aumento de la violencia y el crimen, y se olvida que desde hace muchisimos años, la delincuencia y sus derivados son causas en si mismas, que a su vez son generadas por otros problemas sociales, si así se quiere. Por lo tanto, equivocamos el análisis: existe un quiebre social natural: elite social/excluidos. Tenemos así el binomio que sigue a la sociedad desde sus inicios: hay un centro letrado, instruido, una elite social opuesta a ese otro periférico, excluido e ignorante que tiene acceso restringido. Pero la actual cultura PSEUDO INTEGRADORA, busca derribar esas barreras históricas de la exclusión a fuerza del martillazo de la tecnología: COMPUTADORAS PARA TODOS, COMUNICACION PARA TODOS, TODOS ESTAMOS COMUNICADOS, NADIE ESTÁ POR FUERA, TODOS SOMOS IGUALES, NO HAY DIFERENCIA ALGUNA, TODOS PODEMOS, TODOS DEBEMOS. Para la sociedad devorarodra de la individualidad, TODOS los individuos deben ser UN SOLO INDIVIDUO, se pierde la alteridad, se elimina al otro, se acaba con el sujeto como unidad. Pero esta inclusión hipócrita genera una reacción: por un lado se derriban los muros que separan, pero el fantasma de esos muros sigue ahí, delimitando igualmente lo que debe ser delimitado. En la actualidad, el hipócrita promedio de turno se enorgullece en romper las barreras (todos tenemos computadoras, todos nos comunicamos), pero se olvida que esas barreras fueron creadas por un sistema social que tiene un núcleo de exclusión.

De esta forma, el deber ser, el motivo último de la existencia de muchos individuos está en tener la mayor cantidad de bienes, en poseer lo mismo que los otros tienen. El sistema se encarga de decirlo: "todos somos iguales, todos podemos tener las mismas cosas", así, el individuo que no tiene "las mismas cosas" que los demás, el que no tiene un par de zapatos, un celular o no puede comer una hamburguesa, no es "igual", no se siente igual a todos, y va a hacer cualquier cosa por convertirse en un "igual". Es el aparato social el que miente, el que intenta unificar a todos, y esto es lo que desencadena la frustración y la violencia.

Entonces la pasta base no es lo que causa la frustración de no poder tener lo que "hay que tener para ser feliz", la pasta base es la consecuencia de no tener. No porque haya que tener, sino porque alguien dice que todos debemos tener lo mismo. Alguien no sale a matar solamente porque consumió una dosis de algo.

Pero mientras todas las miradas se dirigen hacia la droga de moda, la pasta base, nos olvidamos que existen otras cosas:

"El alcohol es la droga de mayor consumo en todos los países. Casi siete de cada diez estudiantes ha consumido alguna vez en la vida y Uruguay tiene el mayor promedio, llegando al 80%.

Con respecto al tabaco, uno de cada cinco estudiantes lo ha consumido en el último mes. En Uruguay, un 47,9% asegura haber fumado al menos una vez".

"Uruguay es el país donde hay un mayor consumo de cocaína, alcanzando el 3,5% en el último año, cuando la media de los países estudiados se ubica en 2,2%. Bolivia, Ecuador y Perú son los que tienen los índices más bajos." (180.com)

¿Son los marginales solamente los que consumen alcohol? Salgan a la calle un viernes por la noche, y se encontraran cientos de ejemplares desagradables de estudiantes adinerados de Pocitos con sus botellas de cerveza en la mano y con sus cigarros (y sus cabezas llenas de relleno para almohadón).

Surge un dato que sorprende: "Uruguay es el país donde hay un mayor consumo de cocaína, alcanzando el 3,5%" . ¿Pero cómo? ¿no era que la pasta base....? No. El problema es que existen drogas para la elite y drogas para los marginales... así todos pueden tener su dosis. El narcomercado se adapta camaleónicamente a la situación social: al aumento de la pobreza sigue el implemento de una droga a la cuál puedan acceder las clases excluidas. Por su parte, la cocaína, pertenece a las clases acomodada y media. Pero claro, como no hay robos, ni delincuencia... como "no pasa nada", entonces no importa, pista libre para la cocaína. Es exactamente lo que se hizo todo el verano desde los medios de comunicación: APLAUDIR a los jóvenes vacíos que viajan hasta La Pedrera o La Paloma para emborracharse y quedarse tirados en el pasto. ¿Alguien se espantó por eso? Nadie, porque "están divirtiéndose, están jugando, son jóvenes". Que triste, pero esos jóvenes ya pueden meter un sobre y elegir presidente o intendente. Es verdaderamente lamentable el doble discurso, pero es real. Desde Subrayado, Telemundo y Telenoche se mostraron, junto con las imágenes del carnaval de Río y las murgas, en tono de juego, a los imbéciles que gastaron un pasaje hasta Rocha para tomar cerveza. ¿Cuál es la diferencia entre eso y la pasta base? No encuentro diferencia, no miro las consecuencias, miro el hecho en si que es, igualmente, lamentable... con el agregado de que en uno de los casos, se aplaude a ese montón de estúpidos. El verano que viene, por favor, que ocurra un terremoto en Rocha.

Mientras se siga luchando contra la delincuencia empezando por las consecuencias, la cosa va a seguir peor. No se trata de una sustancia o diez sustancias, se trata del dispositivo que hace a la proliferación de esa sustancia en las capas sociales. Ya no se trata de la cocaína o la pasta base, se trata de entender (yo no estoy para eso) por qué y cómo se llega a este estado de las cosas. Para acabar con el árbol hay que cortarle las raíces, no las ramas.

Seguro que quedó todo claro.... no pienso escribirlo otra vez, porque no se bien que es lo que quería decir. Algo hay que hacer.

miércoles, 17 de febrero de 2010

La imagen como herramienta única

No hace falta introducir demasiado al tema, solamente recordar el asunto. Años atrás, desde el gobierno, se impulsó la carrera anti-tabaco, a los efectos de frenar el avance de dicha droga en lo social. Para ello, se utilizaron, básicamente y a grandes rasgos, dos lineas de acción: la prohibición en espacios públicos cerrados, en primer término, y las imágenes "impactantes" en las cajillas de cigarros por otro.

No refiriéndonos al primero de los puntos -la prohibición pública-, que es otro tema, vamos a centrarnos, un poco, en la segunda vía de acción: las imágenes.

Sabido es que desde la aprobación de la ley anti-tabaco, se pasó de una baja en el consumo del 0.7% -en seis años- a una reducción de entre 4 y 5% en dos años. No podemos discutir la eficacia (o no) del método, porque en primer lugar hay gente dedicada a eso, y en segundo lugar poco importan los resultados acá.

La cultura de la imagen

Pero algo es importante: ¿por donde corre el tema del cigarro? Podemos extenderlo al tema de la droga toda: ¿qué tipo de discusión y/o resolución del tema buscamos? Si entendemos el tema de la droga en la sociedad como algo que afecta a gran parte de la misma, como un tema político-tabacalero (no es una pedantería barata el término, porque es mas difícil tocar a un tabacalero que bajar la luna), entonces, lo que nosotros pretendemos es una discusión, y una posterior resolución política, racional, estratégica y eficaz del problema. A este respecto, entiéndase que algunos puntos se cubren: la resolución es política, es estratégica y, según se vea, eficaz. Pero aquí encuentro el problema: eficaz... ¿desde donde? Más aún, ¿es una resolución racional? Lo dudo.

"Impacto visual y económico

Las advertencias que se ponen en cajillas de cigarrillos y demás publicidades también fueron estudiadas. En el momento de la investigación (2007), en opinión de Bianco, “las advertencias que se evaluaron fueron las más flojas, por decirlo así”. Uno de los estudios es comparativo con otros 15 y 17 países: Uruguay se ubica en el nivel más bajo, entre el puesto 16 y 17 con respecto al impacto.

“Algunas de las advertencias mostraban dinamita, como una bomba, no tenían evidencia científica. Deberían incluir imágenes humanas, en lo posible, que tienen que ser fuertes y duras”, manifestó el médico. “No fueron efectivas al punto que se cambiaron por otras que tienen imágenes más fuertes, pero que aún no hemos evaluado. Lo que se determinó a nivel internacional es que cuanto más grande y más fuerte es la imagen que está en la cajilla, mayor es el impacto sobre el fumador: más las notan, tienden a rechazarlas, les promueve disminuir el consumo y pensar en el abandono”. En ese sentido, el estudio también revela que dos tercios de los fumadores tiene pensado dejar el hábito en el futuro." (180. com.uy)


Esto es terrible. Amenazante hipertrófia del objeto, de lo aberrante, lo surrealista o grotesco. El párrafo de Mr. Bianco es una sopa condensada de todo eso que puebla y degrada nuestro ambiente: la imagen monstruosa y bestial que anula toda reflexión ulterior.

Creo, a título personal, que, si entendemos este tema como un tema social-político-secular, se debería tomar como tal, y por lo tanto, intentar cubrir los requerimientos mínimos de una sociedad racional. Decía que la eficacia del sistema de Vazquez es irrefutable; los números lo demuestran. Ni por asomo tengo intención de atacar eso. Pero; ¿eficacia a qué costo? Es más; ¿racionalidad o brutalidad?

Vivimos en la cultura de la imagen acelerada: el informativo es entretenido porque contiene todo aquello que nos gusta (al igual que la hamburguesa): rapidez, fluidez, panorámica, múltiples puntos de vista, cero compromiso, nada que pensar, todo procesado, todo producido, teatralizado, maquillado no para parecer otra cosa, sino para parecer perfectamente real, más real que lo real. Para dejar una huella en la mente homérica (por H. Simpson, no por el épico) del espectador. El informativo, como cara visible y perfecta de lo actual, está creado más allá del bien y del mal, obturando toda posibilidad de juicio; nada está bien o mal, solo, meramente, de forma empecinada: está. Las cosas pasan, son, están, no deben ser, ni podrían ser, solo se dice que están. De esta forma, logramos un lacerante privilegio de la imagen por sobre el juicio.

Con la imagen que todo lo domina, la reflexión, la capacidad de procesar lo que se recibe, desaparece. Ya no somos esa unidad capaz de una captación activa de percepciones, ni una captación pasiva de impresiones, ahora, solamente, somos una cámara documental capaz de recibir los datos previamente masticados y listos para ver y oír. No nos vemos obligados al mínimos esfuerzo del símbolo; no tenemos que interpretar ni descomponer lo que nuestros ojos ven, solamente debemos actuar. Así lo hacen los animales: reciben estímulos del exterior y actúan en respuesta a dicho estímulo. El depredador observa a la gacela herida y corre para atraparla, no sabe por qué lo hace. Nosotros vamos en el mismo camino: nos muestran algo y nosotros actuamos en consecuencia.

Un paréntesis obligado

Algo así, ese asqueroso efecto dominó de retrasados es lo que ocurrió con EL tema de Haití. Todos, o muchos, estábamos enterados, con mínimo esfuerzo, de que Haití existía y que es muy pobre. Pero a ninguno le importaba (me incluyo) qué pasaba en Haití, hasta que, mágicamente, un terremoto nos abrió los ojos e hizo florecer nuestra amabilidad y caridad. Ahora, hipócritas del demonio, podemos decir, mientras escribimos por un blog, que uno de cada cien uruguayos colaboró con Haití... eso, eso es la muestra de nuestro lamentable estado... o el estado de algunos, porque a mi me importó poco Haití, y me sigue importando un rábano (que se entienda esto último). A nadie se le ocurrió asistir a ese país antes, cuando todos sabemos que desde hace años están en decadencia. Pocos medios hablaron del tema. El único que se interesó fue el francés de "El mundo desde arriba" (HBO), quién, meses atrás de la catástrofe, trató el tema.

Retomando

Hasta que no se nos pega el poster en el cuarto no nos enteramos de nada. Hace falta una imagen, una imagen grotesca, brutal, un drama, para que nuestra dormida atención se despierte y se entere de que tales cosas existen.

Lo mismo ocurre con el cigarro, no hay reflexión, la gente -para nuestra esfera social desintegrada y atroz- debe darse cuenta del daño ocasionado no por medios racionales, no por información digna, no por conciencia del mal que la droga ocasiona, sino por medio de estúpidas e infantiles imágenes de sangre, bebes fumando, enfermos, muerte, etc... Desde el día en que tomamos conciencia del demonio por medio de imágenes demoníacas, la racionalidad comenzó su caída. Todo funciona por esa mecánica alarmante del teatro y la hiperealización.

Lo brutal y animal

“Algunas de las advertencias mostraban dinamita, como una bomba, no tenían evidencia científica. Deberían incluir imágenes humanas, en lo posible, que tienen que ser fuertes y duras”

Entonces, para que la gente tome conciencia, en lugar de tomar medidas serias y humanas, nos comportamos como animales, nos bestializamos, apelamos a lo brutal, a lo bizarro y asqueroso para llamar la atención. Ese testimonio, que reclama mayor obscenidad, no es el testimonio de un mercenario ni de un asesino, son las palabras del Presidente del Centro de Investigación para la Epidemia de Tabaquismo (CIET).

Se parte de la siguiente premisa: imágenes duras = reacción. Es triste que las personas se movilicen por la alarma y no por la conciencia. Antes que salir todos corriendo, espantados, por las horribles imágenes de las cajas de cigarrillos, podríamos pensar algo más digno, o podrían pensarlo los "creativos" a los que se les ocurrió esto. Porque, mientras tanto, es más que acertado lo que se hizo: se utilizó la herramienta capaz de movilizar las mentes de hoy: la imagen grotesca y obscena. Pero no es muy saludable seguir mucho tiempo así.

La frase que indica el fin para nuestra civilización: "una imagen vale más que mil palabras".

viernes, 4 de diciembre de 2009

Teletón: caridad "light"

¿Cómo hablar de "solidaridad" o "caridad", cuando para ello las personas no responden a un ideal, deber, moral, reflexión, sino a un impulso casi eléctrico, a un llamado salvaje de la tv? ¿Es "solidaridad" montar una payasada televisiva, recurrir a espectáculos vecinos a la estupidez y lo morboso?

Realmente, creo estar convencido de que, lejos de solidaridad, o caridad, lo que se registra es -como con la mayoría de las cosas- un vaciamiento del concepto en si. Desaparece el verdadero sentido de la "solidaridad", desaparece el respaldo racional que hacía posible tal acción. Hoy ya no se es solidario por utopía, no se es solidario por decisión ni por "problematización". Se es solidario por impulsos, por individualismo, hedonismo tardío y autosatisfacción. No hay un acto solidario por universalidad ni por deber moral, hay un acto solidario que sirve para liberar la carga pesada de la "culpa". Lobotomia o descarga, la solidaridad de la Teletón y sus similares no es un acto racionalizado, individualizado ni mucho menos pensado, es un acto que se produce por impulso, no por deber; por placer... "Yo levanto el telefono, digito, colaboro con dinero, cuelgo el teléfono, prendo la tele y me olvido del asunto". Ahí terminó todo.

Mientras la Teletón y toda manifestación similar mantenga su carácter de circo, carnaval o fiesta popular pseudocapitalista light, el ciclo nunca va a cerrarse; manifestaciones como la Teletón, lejos de buscar acciones y resultados desde un punto serio, político, humanista o responsable, se encargan de desproblematizar el asunto, de banalizarlo y minimizarlo; de convertirlo en una fiesta popular. El problema del discapacitado -y de muchos otros- deja de ser un asunto de seriedad, de compromiso secular o de políticas sociales, para convertirse -gracias al triste manejo del medio- en un asunto de fascinación, de morbosidad, de apelación a lo más bajo y trivial. No llega ni siquiera a emocionar, pues se queda en la exteriorización agresiva de imagenes, música, risa y llanto condensados. No apelan a la conciencia ni a la racionalidad, ni al deber, sino que recurren a instintos animales.

Lo más gracioso de todo es que mientras el carácter de estas manifestaciones se
mantenga en clima de carnaval -como hasta ahora- todo estará bien: todos podemos ser solidarios, todos somos colaboradores, todos podemos ser útiles, todos mejoramos vidas. Todo con un simple teléfono. Nada de sacrificio ni drama ¿quiere ayudar? Pase por aquí, ya no tiene que hacer fila. El solidario de nuestro tiempo es un solidario fácil, liviano; no se le exige demasiado, con poco alcanza ¡Y que poco, y que bajo!

No se trata de ayudar al otro, lamentablemente, y me da asco, vergüenza y risa decirlo; se trata de cada uno. Acá nadie piensa en nadie, todos pensamos en nosotros mismos. Nadie va a ayudar a la Teletón para que los discapacitados puedan acceder a una mejor calidad de vida, en el fondo, todo se trata de un "lavado de manos" generalizado, todos queremos, lamentablemente, poder dormir tranquilos con el deber cumplido. "Yo colaboré, soy solidario", esa es la mentalidad; Yo soy solidario, yo colaboré, yo estoy tranquilo, yo soy bueno. Se trata de que todos quedemos con nuestras conciencias tranquilas, no por haber cumplido ningún deber, sino por habernos sacado las ganas, por estar satisfechos, por la satisfacción individualista de la solidaridad sin drama del teléfono.

Mientras la moral no exija más sacrificios, mientras la solidaridad no exija más que levantar el teléfono... Todos somos solidarios.

Es realmente monstruoso que para suscitar la colaboración ciudadana se tengan que
montar espectáculos y teletones. Es bastante raro -que cada uno piense- que la moral y los deberes sean dirigidos por los medios de comunicación, de forma puntual, cada tanto.

Con esto no ataco a el fin, para nada, ataco los medios. No creo que haya desaparecido el deseo y la preocupación, lo que desapareció es lo que soportaba esos conceptos.